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SAN AGUSTIN

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Localizada en las estribaciones del macizo andino al sur del Departamento del Huila, la región está conformada por suaves colinas onduladas limitadas de repente por los profundos cañones del rio magdalena, el Sombrerillos, el Naranjos y otros más.

Esta misma región fue habitada hace muchos siglos por una larga sucesión de grupos culturales los cuales dejaron como testimonio un sinnúmero de vestigios arqueológicos.  Los principales se encuentran dispersos en un área de más de 500 km sobre amplias mesetas localizadas a lado y lado del cañón formado por el alto Río Magdalena correspondientes a  los municipios de San Agustín Y San José de Isnos; la región con un clima templado frío (18°C 1730 Mts. SNM) y un suelo fértil tiene la flora y fauna características del bosque tipo sub-andino.

Las primeras noticias de estos vestigios se remontan al año 1758 cuando Fray Juan de Santa Gertrudis visitó el lugar, pero solo hasta 1913 fueron investigados científicamente por el arqueólogo alemán K. Th. Preuss.  Desde entonces han sido objeto permanente de investigación destacándose los trabajos de José Pérez de Barradas en 1936, Gerardo Reichel Dolmatoff en 1966 y Luis Duque Gómez desde 1943 hasta hoy.  El investigador Luis Duque Gómez  afirma que este lugar fue sitio sagrado, un centro con un amplio radio de acción a donde acudían gentes desde lejanas tierras para enterrar a sus muertos y rendir culto a sus divinidades.

Poco puede decirse acerca de la organización social del pueblo de escultores.  Suponemos que como en otros pueblos precolombinos, el liderazgo civil estuvo ligado al liderazgo espiritual y religioso, dándose ciertas jerarquías y clases sociales; suponemos también que la familia fue la base de la sociedad.

Tuvieron buen conocimiento de la alfarería, y la utilizaron para la elaboración de vasos y figurines de diversos acabados, formas y tamaños.  A su vez hay evidencias de una metalurgia incipiente.

Podemos afirmar que la economía tuvo una base agrícola.  En las excavaciones se han encontrado desperdicios de maíz y de maní, junto con metates y mazos para moler.  Parece que existió un comercio de trueque con los pueblos vecinos y se construyeron caminos que serpentean por las lomas y bajan en zig-zag por las empinadas pendientes.

El pueblo que habitó esta región y que dejó tan impresionantes vestigios tiene una historia bastante compleja, pues hay muchos datos que aún se ignoran; sabemos por análisis del C. 14 que en el siglo VI antes de Cristo ya existía un asentamiento humano de considerable magnitud y que desde entonces se dieron varias fases culturales con características diferentes, resultado de un activo proceso de cambio cultural.

Located on the slopes of the "Macizo Andino" to the south of the Department of Huila region is made up of gentle waving hills sharply broken by deep canyons at the bottom of which the Magdalena, Sombrerillos, Naranjos, and many other rivers flow.

This region was inhabited many centuries ago by a long succession of cultural groups who left as testimony uncountable archaeological vestiges.  The principal ones are found scattered over an area of more than 250 square miles on broad plateaus on both sides of the canyon formed by the upper Magdalena River, lying in the municipalities of San Agustín and San José de Isnos.  This fertile region, with a cool to temperature climate (65°F and 5,674 feet above sea level) has the flora and fauna which is characteristic of the sub-Andean forest.

The first information on these vestiges dates back to the year 1758 when Fray Juan de Santa Gertrudis visited the area, but it was not until 1913 that they were scientifically investigated by the German archaeologist K. Th. Preuss.  Since that time they have been the object of constant research.  Among the most outstanding works are those of José Pérez de Barradas in 1936, Gerardo Reichel-Domatoff in 1966, and Luis Duque Gómez since 1943. The researcher Luis Duque Gómez states that this was a sacred place, a center with an ample radius of action, where people came from distant lands to bury their dead and worship their gods.

We suppose that, as in other pre-Columbian indigenous groups, civil leadership was tied to spiritual and religious leadership producing hierarchies and social classes.  We also suppose that the family was the base of the societies and that people lived in house close to each other some closer than others.

They were well acquainted with the art of pottery and they used this knowledge in the making of vessels, plates, vases and figures of different finishes, shapes and sizes.  There is also evidence of incipient metalwork which allowed them to make ear and nose rings, beads and necklaces in gold, copper and other alloys.

We are sure that the economy was based on agriculture.  In the excavations, corn and peanut remains have been found along with “metates” and grinding stones.  It appears that there was barter commerce with neighboring settlements.  The roads, which wound through the hills and descended in switchbacks over steep slopes, are still used to day.  The people who lived in this region and left these impressive vestiges have a quite complex history; much is still unknown about them.  We do know through carbon 14 analysis that there was a rather large human settlement in the VI century B.C. and that since that time there have been several phases with different characteristics which are the result of an active process of cultural change.

 
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